¡Un sapo en nuestro huerto!

¡Hay un sapo! gritó María mientras estábamos en el huerto. Nos acercamos rápidos y allí estaba en un rincón escondido entre algunas ramas.

Se desplazan caminando, aunque pueden dar saltos cortos si se ven amenazados.

Para defenderse se hinchan para parecer mas grandes, si los cogemos pueden orinarse encima para generar repulsión, y solo en último recurso recurren a la toxicidad, por ejemplo al ser heridos o mordidos. Por las glándulas parótidas que poseen tras los ojos generan una sustancia viscosa blanquecina, cuyos componentes (como la bufotoxina), pueden causar irritación. Pero si los tocamos con cuidado sin dañarlos no la generará, y en todo caso bastará con lavarse las manos después de manipularlos sin tocarse los ojos o la boca.

Son beneficiosos para el huerto porque tienen una dieta carnívora alimentándose de multitud de insectos como moscas, larvas y orugas, polillas, grillos, saltamontes, babosas, incluso hasta pequeños roedores.

Esperemos que se quede, aunque es un anfibio, sabemos que muchos sapos viven también muy a gusto en la tierra, por lo que nuestro huerto podría ser un espacio idóneo para él. Aquí podrá encontrar cobijo (pondremos tejas en el seto) y alimento, y a nosotros nos hará un favor porque nos ayudaría a controlar algunas plagas.

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